Fernando de los Ríos Urruti

de-los-rios

El 8 de diciembre de 1879 nacía en Ronda (Málaga), en el nº 2 de la calle de los Remedios, y en el seno de una acomodada familia de clase media, Fernando de los Ríos Urruti.

Estudió bachillerato en Córdoba y Derecho en Madrid, donde entraría en contacto con su tío y futuro mentor Francisco Giner de los Ríos, a través del cual conoció la Institución Libre de Enseñanza y todas las empresas educativas impulsadas por ella. Al calor del ambiente institucionista y bajo la influencia de su maestro, se embeberá también del ideal regeneracionista que veía en la educación el mejor instrumento de cambio social para una España atrasada. Jamás abandonaría aquel ideal que apostaba por la educación como auténtico motor de transformación social e instrumento indispensable en el camino hacia la emancipación humana.

Al terminar la carrera y tras una breve estancia laboral en Barcelona, Fernando de los Ríos paso a trabajar como profesor de la Institución Libre de Enseñanza.

De la «Institución» salió Fernando de los Ríos para Alemania a ampliar y perfeccionar estudios. Allí trabó amistad con aquellos jóvenes que posteriormente formarán la denominada Generación de 1914 y tomó contacto con el socialismo neokantiano.

De los Ríos asimiló los ideales de la Generación del 14, participando activamente en muchas de las empresas promovidas por sus integrantes: suscribió el manifiesto fundacional de la Liga de Educación Política Española; colaboró periódicamente en la revista «España» y el diario «El Sol» apoyaría, como muchos de su generación, las candidaturas del Partido Reformista (del que terminaría por desencantarse).

De los Ríos ayudó a impulsar la lucha anticaciquil, y mantuvo un férreo  compromiso en la defensa de los intereses de las clases trabajadoras granadina y andaluza. El acercamiento intelectual que pronto se había manifestado en el joven De los Ríos, acabó convirtiéndose en un total compromiso, tras su afiliación en mayo de 1919, con el Partido Socialista.

Y no tardaría De los Ríos en alcanzar puestos de relevancia dentro del partido. Tras las elecciones de junio de 1919, y representando a la Agrupación Socialista de Granada, conseguía su primer acta de diputado. Al año siguiente, era elegido como uno de los vicepresidentes del segundo de los tres congresos que el PSOE celebró para debatir la cuestión del ingreso del partido en la III Internacional Comunista.

Sería enviado, como delegado del PSOE, junto a Daniel Anguiano  a Rusia y negociar allí el ingreso condicionado del partido en la Internacional Roja. Fruto de este viaje será su documentadísimo y original libro Mi Viaje a la Rusia Sovietista (1921), donde vislumbraba el rumbo antidemocrático y totalitario que tomaba la Revolución a la vez que perfilaba las tesis que posteriormente informarán la obra cumbre de su pensamiento socialista: El Sentido Humanista del Socialismo (1926).Tras los informes de Daniel Anguiano (positivo) y de Fernando de los Ríos (negativo), el Congreso rechazó por amplia mayoría las «veintiuna condiciones» impuestas por Moscú para ingresar en la Tercera Internacional.

 

De los Ríos no entendió nunca el socialismo fuera de la democracia, y como consecuencia de esa concepción adoptó una posición radicalmente crítica con la Dictadura de Primo de Rivera, opuesta a cualquier tipo de colaboración con ella y partidaria de una inteligencia entre el PSOE y las fuerzas republicanas para que juntas coadyuvaran al advenimiento de la II República. El ya afamado político socialista veía en la II República la esperanza, constante en su vida y obra, de configurar en España un auténtico Estado de Derecho que sentara las bases para una futura construcción socialista de la sociedad.

Una vez instaurada la República,  tres destacados socialistas entrarían en el Gobierno Provisional del 14 de abril de 1931: Indalecio Prieto, Largo Caballero y Fernando de los Ríos. Éste último tomaba posesión del cargo de Ministro de Justicia el 15 de abril de 1931, iniciando así una fulgurante carrera ministerial que le llevaría a ocupar las carteras de Justicia, Instrucción Pública y Estado durante el primer bienio republicano. Carrera efímera pero fructífera, pues no en vano se ha calificado la labor ministerial de Fernando de los Ríos como hiperactiva y gigantesca, si se tiene en cuenta la brevedad de sus diferentes mandatos y las complejas circunstancias históricas que rodearon los mismos.

Al frente del Ministerio de Justicia desempeñó un papel decisivo en la redacción de los artículos más problemáticos y significativos de la Constitución republicana del 9 de diciembre de 1931, precisamente aquellos que tocan la cuestión educativa y la separación Iglesia-Estado. La modificación de los principales códigos legales, la cuestión agraria, la reversión al Estado de los bienes patrimoniales de la Corona, los derechos fundamentales del individuo, la libertad de cultos, la igualdad de derechos, la promoción de la mujer, la reorientación de la política penitenciaria. Son éstos algunos de los frentes en los que tanto se prodigaría Fernando de los Ríos como ministro.

Bajo su mandato en el Ministerio de Instrucción Pública, y como continuación de la política educativa diseñada por su antecesor en el cargo, Marcelino Domingo, hay que destacar, entre otras realizaciones: la creación y puesta en funcionamiento de las Misiones Pedagógicas, con el fin de acercar la cultura y el conocimiento, a través de los libros, el cinematógrafo, el fonógrafo y su música, las pinacotecas ambulantes o el teatro, a los pueblos y ciudades de toda la geografía española; la fundación de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Santander; la reforma de las enseñanzas universitarias (de Filosofía y Letras y sobre todo de Magisterio); la introducción del bilingüismo en las escuelas; la creación de la Escuela Única y Unificada y los Consejos Escolares; sin olvidar la dignificación general de la Enseñanza en todos sus niveles, el paulatino incremento de los presupuestos educativos y el aumento salarial de los maestros, así como la creación durante este bienio de alrededor de 14000 escuelas. Y sin embargo, pese a toda esta labor, De los Ríos no se sintió cómodo en este Ministerio. El desgaste producido por las constantes críticas de la Derecha le llevarán finalmente al Ministerio de Estado, desde donde sólo tuvo tiempo de conseguir el reconocimiento de la República por parte de la Unión Soviética.

fernando de los rios1.JPG

Al producirse el alzamiento militar el 18 de julio de 1936 se encontraba impartiendo un curso de verano en Ginebra, trasladándose a París por encargo del Gobierno de la República donde, junto con Luis Jiménez de Asúa, se ocupó de la Embajada de España en los primeros meses de la guerra. A finales de 1936 fue nombrado embajador de España en Estados Unidos, cargo que desempeñó hasta el final del conflicto bélico. Concluida la guerra quedó exiliado en Estados Unidos donde impartió clases en la «New School of Social Research» de Nueva York. Al constituirse el primer gobierno de la República en el exilio, en agosto de 1945, su presidente, José Giral, le nombró ministro de Estado, desempeñando dicho cargo hasta marzo de 1946.

Fernando de los Ríos moriría el  31 de mayo de 1949 en Nueva York, después de perder totalmente la esperanza por la restauración de la democracia en España.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s