Nace Juan García Oliver

El 20 de enero de 1902 nacía en Reus (Tarragona) Juan García Oliver, un destacado anarquista español que pasó de ingresar varias veces en prisión durante su juventud a convertirse en ministro de Justicia del gobierno de España durante la guerra.

garciaoliver

Se crió en una familia muy pobre, su infancia estuvo marcada por la muerte de su hermano Pedro de meningitis. Su adolescencia se vio sacudida  por la gran conflictividad social que se vivía en España, entre continuas huelgas y tiroteos entre la patronal y los obreros.

A los once años empieza a trabajar de meritorio—aprendiz, recadero, barredor— en las oficinas de un negocio la llamada Casa Quer,  sin más estudios que los correspondientes a la clase superior de la escuela primaria.

Con 17 años acaba en prisión tras una huelga de camareros que fracasó.  La cárcel será una experiencia rica para él y le permite conocer a anarquistas y sindicalistas ya notorios.

A su liberación será comisionado por el Comité regional de la CNT de Cataluña para organizar los sindicatos de su comarca natal.

Los éxitos de la CNT en Tarragona en los años veinte provocan una escalada represiva de los patronos y de las autoridades, entran en acción los pistoleros del Sindicato Libre y se acosa duramente a los anarquistas, los cuales devuelven los golpes a la patronal, acabando muchos de ellos muertos o en prisión.

A petición de los órganos superiores de la CNT organizará el grupo “Los Solidarios” para responder al terrorismo del Sindicato Libre.

Después de varias entradas y salidas de prisión, acaba siendo liberado tras la proclamación de la Segunda República.

Según él, en Cataluña, las discrepancias en la interpretación de las ideas anarquistas eran notables entre los anarquistas de procedencia obrera y los anarquistas de extracción burguesa o pequeño burguesa. A los anarquistas de origen proletario les movía la pasión de hacer pronto la revolución social e instaurar inmediatamente la justicia social mediante la aplicación de estrictas normas de igualdad. Entre los anarquistas de origen burgués o de influencia liberal burguesa, prevalecía la observancia de los principios, sin conceder primordial importancia a la realización de la justicia social y a la instauración del comunismo libertario o de cualquiera de sus sucedáneos más o menos afines.

Durante esa época existía muchas pugnas y desacuerdos entre el sector reformista de Ángel Pestaña y Peiró, a los que se les denominó “treintistas” por conformar un bloque de treinta firmantes de su Manifiesto, cuyo contenido se reducía a intentar demostrar que el afán  del sector  los «faístas»,que formaban parte de la FAI (sector más radical y revolucionario de la CNT), de realizar la revolución social había que postergarlo para  más adelante, objetando la falta de capacidad revolucionaria de la clase obrera, y optando por ir logrando derechos proletarios en etapas de superación. Se comprometían a prestar la colaboración de la Organización para el advenimiento de la República y su consolidación.

Sin embargo los anarcosindicalistas “faistas” trataban de crear una oposición ideológica frente a la actitud claudicante de los viejos sindicalistas. García Oliver, que pertenecía a este sector más revolucionario, se había trazado una línea a seguir dentro de la Organización: “considerar a la república recién instaurada como una entidad burguesa que debía ser superada por el comunismo libertario, y para cuyo logro se imponía hacer imposible su estabilización y consolidación, mediante una acción insurreccional pendular, a cargo de la clase obrera por la izquierda, acción colectiva contra las estructuras del sistema capitalista, hasta lograr superar el complejo de miedo a las fuerzas represivas, al ejército, a la Guardia civil, a la policía, lográndolo mediante la sistematización de las acciones insurreccionales, la puesta en práctica de una gimnasia revolucionaria”.

Este sector no se plegaba a sostener y reformar el nuevo régimen y se dispusieron a zarandearlo para que la República no lograra afianzarse. Tenía que caer estrepitosamente. Para éstos, la caída sería la revolución social, la instauración del comunismo libertario.

Defensor de la independencia y de la hegemonía obrera de la CNT, García Oliver encabezará la oposición a la huelga general de octubre de 1934 y será duramente criticado en el propio seno de la CNT, especialmente por los sindicalistas asturianos.

Ante  las elecciones de 1936, la CNT decidió que no debía hacer propaganda antielectoral y pedir el absentismo como habían hecho en las anteriores elecciones, les convenía más un triunfo del Frente Popular que amnistiara a sus presos políticos,  una victoria de las derechas reaccionarias podría instaurar el fascismo desde las propias instituciones como había pasado en Alemania.

En el Congreso de Zaragoza de mayo de 1936, su papel será determinante en la reunificación de los sindicatos “treintistas” y de la CNT.

Tras la sublevación militar del 18 de julio de 1936, las milicias anarcosindicalistas fueron esenciales para abortar el golpe en Cataluña, murieron más de 400 anarquistas combatiendo al ejército faccioso, uno de ellos fue Francisco Ascaso, camarada anarcosindicalista  de García Oliver y compañero suyo en el grupo “Los Solidarios”.

anarquistes-barna

El general Goded, que había llegado desde las islas Baleares para ponerse a la cabeza de la rebelión, fue arrestado y obligado a difundir a través de la radio un llamamiento de rendición a sus seguidores. Fue acusado de traición y condenado a muerte por un consejo de guerra y fue ejecutado junto a otros militares rebeldes.

La CNT-FAI aceptó la oferta de Companys de constituir, junto con los demás sectores antifascistas, un Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña. La Organización aceptó aquella oferta porque, en la euforia de la victoria sobre los militares, parecía ser un cómodo puente hacia un orden nuevo y revolucionario. Companys propuso aquel organismo para, pasada la euforia del primer momento, restarle importancia en el decreto de creación, hasta reducirlo a una especie de comisaría de Orden público, en espera de poder disolverlo.

El Comité acabó convirtiéndose en el poder de facto en Cataluña, un poder paralelo que rivalizaba con la Generalitat.

García Oliver fue derrotado en el Pleno conjunto de locales y comarcales de la CNT y de la FAI, en su posición y propuesta de «ir a por el todo», que significaba la absorción de todos los poderes políticos y económicos de la sociedad, que se iniciase la revolución en lo político anulando al gobierno de la Generalidad, y en lo social y económico impulsando las incautaciones y colectivizaciones de la industria y la agricultura en los pueblos de Cataluña y en los que liberaron en Aragón las milicias anarcosindicalistas. Aun siendo derrotado  en aquel Pleno histórico, fue el primero en ser designado, sin oposición, como miembro del Comité de Milicias. Juan García Oliver tuvo la iniciativa, junto a otros, de crear una Escuela Popular de Guerra  de Barcelona que resultó ser un éxito.

El propósito del Comité de Milicias era crear una escuela de capacitación de mandos, funcionaría como academia general para los ejércitos de tierra.

Por la fuerza de los acontecimientos, la fisonomía del Comité cambiaba al asumir continuamente nuevas funciones antes ejercidas por el gobierno de la Generalidad o por el gobierno central. Deliberadamente por parte de García Oliver, no se deseó ejercer las funciones judiciales en materia civil ni penal. Se dejó que el control de la administración de justicia fuese ejercido por el Comité revolucionario que se constituyó en la Audiencia de Barcelona, al que pertenecían eminentes juristas como Eduardo Barriobero, Ángel Samblancat, Juan Rosinyol y otros, asistidos por representantes de la CNT y de la UGT.

En cambio, por automatismo, recayó en sus atribuciones la justicia militar, por cuya aplicación veló el Comité de Milicias. En virtud de sus atribuciones, el Comité de Milicias ordenó que todos los militares comprometidos, o supuestamente comprometidos, en la sublevación militar fuesen juzgados por consejos de guerra, integrados por jefes y oficiales que hubiesen permanecido leales a la República. Juan García Oliver se comprometió en evitar, en la medida de lo posible, que el Comité de Milicias llegase a convertirse en «Tribunal de la Sangre», algunos le atribuyeron ciertas actitudes blandengues pero éste “renunciaba a la imposición por la sangre, si posible era, porque la sangre hace que las pendientes se vuelvan resbaladizas, arrastrándonos a la sima de la indignidad”.

El gobierno central y la generalitat recelaban del órgano de gobierno paralelo que se había formado junto a la propia generalitat que suponía el Comité de Milicias. Y para lograr que la CNT se integrara en el gobierno de la Generalitat, se sustituyó el término “gobierno” por “consejo”.

En el nuevo Consejo de gobierno de la generalitat se acabó incorporando García Oliver como secretario general de defensa. El Comité de Milicias se disolvía por haber ido demasiado lejos y la Generalidad acabaría por ser absorbida en sus funciones por el gobierno de Madrid, que no tenía ni apariencia de gobierno revolucionario.

En el frente de Aragón se consumó el fracaso de la revolución social, luchar en un frente no era lo mismo que luchar en una ciudad, la marcha de Buenaventura Durruti, camarada anarcosindicalista de García Oliver y también compañero de grupo en “Los Solidarios”, para tomar Zaragoza quedó truncada y las columnas anarquistas acabaron estancadas e inermes, con escasez de armamento y muy pocas municiones contra un ejército rebelde muy bien equipado y con una poderosa aviación que ponía en fuga a los indisciplinados milicianos anarquistas.

En noviembre de 1936 se acuerda la entrada de la CNT en el gobierno de la Republica, los anarquistas ocuparán cuatro ministerios: Juan García Oliver ocupará el Ministerio de Justicia, Juan López el de Comercio, Juan Peiró el de Industria y Federica Montseny el de Sanidad y Asistencia Social.

oliver1

A García Oliver le suponía un dilema ocupar un ministerio en el gobierno de Madrid pero decidió que debía seguir, si no con la integridad ideológica de que siempre estuvo orgulloso, sí con la elegancia de cumplir un deber y ver de hacerlo lo más eficazmente posible.

Con Juan García Oliver como ministro de Justicia y con la creación de los Tribunales Populares por el Consejero de Justicia de la Generalitat, Andreu Nin, se  produjo  la conexión entre justicia popular  y el Estado, el cual empezó a recuperar definitivamente la administración de justicia. Había cuatro tribunales populares en Barcelona y uno en cada una de las otras tres provincias catalanas: Gerona, Lérida y Tarragona. Es detalle llamativo el número relativamente bajo de sentencias de muerte dictadas por estos tribunales en comparación con las condenas que aplicaban los tribunales militares de la zona rebelde. Entre la fecha de su creación y el mes de febrero de 1937, los cuatro tribunales barceloneses, por ejemplo, dictaron 48 sentencias de muerte, de las cuales 40 se ejecutaron, mientras que las restantes se conmutaron.

En total la Generalitat anuló como mínimo 90 sentencias, sirviéndose de su poder legal para conmutar las penas impuestas. Una prueba adicional del empeño de la Generalitat en combatir la violencia incontrolada fue la importante investigación emprendida por las autoridades en abril de 1937 con el fin de esclarecer los asesinatos cometidos durante los primeros meses de la guerra y localizar los cementerios clandestinos donde se enterraba a las víctimas.

García Oliver, como ministro de Justicia, no objetaba nunca una sentencia de muerte de los tribunales populares, salvo excepciones. Según él, era la manera de tener la suficiente solvencia moral para impedir que, al margen de los Tribunales populares, y tomando por pretexto la inoperancia de éstos, las prisiones fuesen asaltadas y pasados por las armas los presos sospechosos de pertenecer al bando faccioso.

Tampoco objetó la pena de muerte impuesta por el Tribunal popular de Alicante al  jefe de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, por complicidad en los delitos máximos que habían conducido al país a la terrible guerra civil que desencadenaron los militares facciosos y los falangistas.

El 19 de noviembre había muerto su camarada Durruti en Madrid, le dijeron, en secreto, que no había muerto heroicamente en combate sino accidentalmente, pues al bajar de su coche, resbaló y golpeó la culata de su arma contra el suelo lo que provocó que se disparara y lo hiriera de muerte, falleciendo en el hospital.  A García Oliver siempre le pareció inverosímil esa versión, ya que no había visto nunca a Durruti con el arma con la que se disparó, un “naranjero”. Nunca se sabría con certeza la verdad de los hechos.

57688

Asistió con Companys a su entierro que fue un multitudinario acto de homenaje.

Dos días después, con el subsecretario aprobó la composición de una Comisión asesora jurídica: un republicano, magistrado del Tribunal Supremo, López de Goicoechea; un federal, presidente de Audiencia, Abel Velilla; un sindicalista, abogado y diputado, Benito Pavón; y un abogado comunista, Bolívar, bajo la presidencia del subsecretario Mariano Sánchez Roca. La Comisión asesora jurídica marchaba a todo vapor, resolviendo en forma de proyectos de decreto las iniciativas que el ministro de Justicia  le pasaba por conducto del subsecretario. Al iniciarse el año, le entregó para su estudio   proyectos de ley como éstos: la concesión a la mujer la plenitud de los derechos civiles, equiparándola en todo a los hombres; facilitando la adopción de niños huérfanos; legalizando los matrimonios civiles celebrados al margen de toda autoridad reconocida como legal; concediendo la amnistía para toda clase de delitos comunes cometidos hasta el 17 de julio de 1936, creación de campos de trabajo para los condenados fascistas…etc.

García Oliver también decidió crear una Guardia penitenciaria, integrada por anarcosindicalistas, los cuales tendrían sus uniformes, sus armas y su disciplina. Los componentes de la Guardia penitenciaria debían ser, primero, compañeros de confianza, y, segundo, obreros pertenecientes a la CNT.

Pero aún seguía habiendo lugares en los que todavía se realizaban ejecuciones fuera de la ley y del control gubernamental y judicial, donde se arrestaba a sospechosos de fascismo, se les juzgaba sumariamente por “Tribunales de sangre”, como el de Valencia, o se les metía en chekas comunistas, y se les ejecutaba. Además de los grupos anarquistas que se vengaban de la injusticia social y la dureza de las relaciones laborales, asesinando a los que sospechaban afectos o colaboradores de los fascistas, o ajustando cuentas pasadas con el Sindicato Libre.

Eran los llamados «paseos», práctica de justicia expeditiva que García Oliver habría de explicar en su discurso de apertura anual de Tribunales, argumentando precisamente que,” puesto que la sublevación militar había supuesto la rotura de todos los frenos sociales, porque fue realizada por las clases históricamente mantenedoras del orden social, los intentos de restablecer el equilibrio legal hicieron que el espíritu de justicia revirtiese a su origen más remoto y puro: el pueblo: vox populi, suprema lex. Y el pueblo, en tanto duró la anormalidad, creó y aplicó su ley y su procedimiento, que era el «paseo»”.

Pero, restablecida la normalidad con, la instauración de los Tribunales populares, de composición revolucionaria, ya no tenían justificación los «paseos»: los elementos sospechosos debían ser entregados a los Tribunales populares y ser juzgados, con imparcialidad, con castigo de los culpables y puesta en inmediata libertad de los inocentes.

García Oliver acabó percatándose de la necesidad de priorizar el esfuerzo bélico antes de lanzarse a la revolución, lo expresó en un discurso con estas palabras: “Para que se consiga el triunfo de hoy, para que se realice este triunfo, se requiere una supeditación absoluta de nuestra vida y de nuestras actividades a la guerra. Si queréis la Revolución tenéis que prepararos. ¡Armaos! ¡Organizaos! ¡Sacrificaos!”.

Durante los sucesos de mayo, en los que estalló una guerra civil a pequeña escala entre anarquistas y miembros del POUM que se enfrentaron a comunistas e integrantes de los cuerpos ordinarios del orden de la Generalitat, el ministro de Justicia se trasladó a Barcelona y fue a pie, sorteando tiros y bombas que se lanzaban desde todas partes, hasta  la Casa CNT-FAI para indagar sobre el conflicto, y más tarde hasta la Generalitat para mediar y dirigirse por la radio a los combatientes para pedirles el cese de las hostilidades, les habló con estas palabras:

“Os hablo desde el Palacio de la Generalidad. Aquí estamos reunidos todos los representantes del Frente Antifascista para ver de encontrar una solución a este gran problema porque todos pasamos. Pero, ¿vosotros creéis, compañeros, que entre la familia antifascista, que entre los hermanos antifascistas, puede repetirse aquel pasaje bíblico de Caín y matarse los unos a los otros?¿Creéis y pensáis que esto es posible? ¿Pero no veis lo que es España?

Más de media España, hermanos, está en poder del fascismo. Cada uno de vosotros, por encima de todo, sois obreros, sois demócratas; cada uno de vosotros sabe bien cuál es su deber; cada uno de vosotros sabe cuál es su adversario. Y no hay más enemigo y adversario que el fascista en estos momentos.

Que no tengan los anarquistas, que no tengan los socialistas, que no tengan los republicanos, que nadie de la familia proletaria tenga que contribuir a deshonrar a sus muertos, al ideal que ahora defendemos por necesidad, por convicción. Necesidad española, necesidad catalana. Convicción catalana: convicción española.

Y, sobre todo, la necesidad y la convicción en que estamos de contribuir al aplastamiento del fascismo en toda España, en toda Europa. Todos cuantos han muerto hoy son mis hermanos, me inclino ante ellos y los beso. Son víctimas de la lucha antifascista y los beso a todos por igual”.

maig37perezmolinospt91

Los combates llegaron a su fin el día ocho con un saldo de cientos de muertos.

Tras los sucesos de mayo, Largo Caballero se niega a acabar con el POUM (como pretendían los comunistas estalinistas), trasladó la tensión al Consejo de Ministros y ante su negativa de disolver el partido, los dos ministros comunistas (Uribe y Hernández) dimiten. La retirada del apoyo comunista y las luchas internas en el seno del PSOE provocan la caída del Ejecutivo. Largo Caballero dimite de todos sus cargos el 17 de mayo y el presidente de la República, Azaña, propone como sustituto al socialista Negrín.

El Comité nacional de la CNT se negó a prestar ministros ni apoyos a Negrín y los ministros anarquistas dimitieron en bloque, incluido García Oliver cuya cartera en el Ministerio de Justicia sería asumida por Manuel de Irujo. Se ponía así fin a seis meses y diez días  desde la entrada de la CNT, con cuatro ministros, en el gobierno de la República.

Tras el final de la batalla del Ebro, a mediados de noviembre de 1938, en Barcelona cundió el desánimo y el temor. Franco no cometió de nuevo el error de permitir la reagrupación republicana y aprovecha el empuje realizado en los momentos finales de la batalla del Ebro para tomar totalmente Cataluña.

Barcelona fue bombardeada día y noche. El 22 de enero los organismos del Estado recibían la orden de abandonarla. La desbandada ya era generalizada y las carreteras estaban atestadas de miles de civiles y militares que trataban de llegar a la frontera francesa bajo los bombardeos de la Legión Cóndor. En 26 de enero, las fuerzas franquistas entraban en una urbe desguarnecida que no opuso resistencia, más preocupada por su alimentación que por el combate.

En febrero Juan García Oliver se exilia a Francia, y más tarde a Suecia. Al comienzo de la segunda guerra mundial, obtiene un visado de tránsito de la URSS y, a través de la Siberia y pasando por Estados Unidos, se embarcará para llegar a México, donde residió hasta su muerte en 1980. Allí, reorganizará a la CNT, de la que será secretario nacional en 1944, sosteniendo la postura de que los exiliados españoles deben reconstruir las instituciones gubernamentales, se declaren beligerantes en el conflicto mundial, para proseguir una guerra que él no considera terminada, y contribuir a la derrota del Eje, única manera de acabar en España con el régimen franquista. Pero tras la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial, no se tocó a España y se respetó el franquismo que perduró 40 años imponiendo una férrea y sangrienta dictadura, de la que la sociedad española aún no se ha recuperado.

García Oliver siempre pensó que el bando republicano había obtenido la victoria moral y que el ejército franquista sólo obtuvo la victoria material lograda por una aplastante superioridad en armamentos. Y como expuso en sus memorias:” Sin victoria moral, nada podrán edificar los que sólo vencieron materialmente.

No podrán hacer la paz.

Así y no de otra manera fue la terminación de nuestra guerra”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s