Nacimiento de Marcelino Domingo

Marcelino Domingo Sanjuán nació el día 25 de abril de 1884 en Tortosa (Tarragona), hijo de Pedro Domingo Villa, un oficial de la Guardia Civil nacido en Granada, y de Dolores Sanjuán Bassedas, hija de unos comerciantes acomodados de Cambrils (Tarragona).

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Cursó estudios de magisterio y comenzó a colaborar, muy joven, en la prensa barcelonesa. Se inició en su destacada vida política como republicano federal, difundiendo el republicanismo laico y radical en el delta de Ebro. En 1909 fue elegido ya concejal en el Ayuntamiento de Tortosa y en 1914 diputado por esta circunscripción, como republicano independiente, con un mensaje basado en la supresión del impuesto de consumos, en la lucha contra la corrupción política, en la formación de una organización republicana cohesionada y fundamentada en un mensaje ético con capacidad de influencia en la población y alejada tanto de los radicales de Lerroux como del nacionalismo conservador de la Lliga Regionalista. Tres años después, M. Domingo es la figura más representativa del republicanismo en Tortosa y de oposición al régimen de la restauración.

A comienzos de 1915 se hace cargo de la dirección de La Publicidad, desde donde difundirá sus planteamientos aliadófilos con respecto a la guerra y reivindicará la incorporación del obrerismo al movimiento republicano

Junto a Layret y Alumar fundó el Bloque republicano autonomista, que en 1917 da lugar al Partido Republicano Catalán, que presidió.

A partir de 1916, y hasta 1919, dirigiría el nuevo diario afín al Bloc “La Lucha”, desde donde lanzaría durísimas campañas de crítica contra el gobierno. Su sección “Marruecos, sangría y robo” constituyó toda una catilinaria contra la ocupación española del norte de África. La campaña, basada en una información exhaustiva de primera mano y en un demoledor rigor documental, denunciaba con toda crudeza la corrupción y el tráfico de influencias existente entre la administración civil, las oligarquías financieras y la oficialidad del ejército colonial alfonsino establecido en territorio marroquí.

Marcelino Domingo participó activamente en los preparativos de la huelga revolucionaria del mes de agosto. A tres días de iniciada la huelga, el día 16, fue detenido en su domicilio y encarcelado por los militares en las Atarazanas de Barcelona. Su detención, a pesar de su inmunidad parlamentaria, puso de manifiesto la subalternidad del poder civil y judicial respecto de la autoridad militar. Esta evidencia haría afirmar a M. Domingo que “(…) estaba yo en manos de los militares, y el poder civil estaba preso como yo.”

Su encarcelamiento  provocó grandes protestas y pronto fue puesto en libertad (noviembre de 1917).

A partir de 1918, con un amplio prestigio entre las clases populares, reanudaría su actividad parlamentaria e impulsaría la Alianza de Izquierdas, amplia entente republicana a la que se uniría el PSOE, cuyos rasgos programáticos más reseñables serían la reforma de la propiedad de la tierra y expropiación de los latifundios, impulso de la legislación sobre derechos sindicales y salariales, implantar medidas contra la carestía y la escasez de artículos de primera necesidad, y constitución definitiva de España con la implantación de un Estado federal.

A partir de noviembre de ese mismo año iniciaría Domingo la campaña parlamentaria a favor de la autonomía de Catalunya, consiguiendo presentar un texto en el Congreso de los Diputados que fue rechazado por las fuerzas dinásticas. Para Marcelino Domingo los límites del autogobierno catalán serían los fijados en la organización de un Estado federal republicano.

Asimismo, los años de la dictadura primorriverista (1923-1929), que fuerzan su ostracismo político, serán en contraposición el período más fructífero en cuanto a su producción literaria y a sus formulaciones teóricas. Es especialmente importante el período comprendido entre 1925 y 1928, momento de germinación del radicalsocialismo español del que Domingo sería su principal inspirador. Con todo, seguiría manteniendo su actividad de oposición a la dictadura, lo que volvería a costarle la prisión.

Vivió en el exilio parisiense en compañía del socialista Indalecio Prieto. En 1929, junto a Álvaro de Albornoz, José Díaz Fernández, Victoria Kent, José Salmerón y otros eminentes republicanos, fundó el Partido Republicano Radical Socialista, en clara ruptura con el ya desacreditado Partido Radical de Alejandro Lerroux.

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Tras la caída del dictador, Marcelino Domingo, al frente ya del radicalsocialismo español, impulsará la unidad de acción del republicanismo hispánico. Su participación en el Pacto de San Sebastián resultó fundamental a la hora de integrar a las principales fuerzas del catalanismo político menos conservador.

Tras la victoria republicana en la elecciones municipales del día 12 de abril que abrían las puertas de la IIª República formó parte del gobierno provisional como Ministro de Instrucción Pública. Bajo el lema “sembrar España de escuelas”, Marcelino Domingo sentó las bases del proyecto educativo más ambicioso de toda la historia de España: la creación de más de 27.000 escuelas y 7.000 plazas de maestros debían ser la infraestructura material y humana para una escuela pública laica, única, de inspiración pedagógica institucionista y en la que se garantizaba la enseñanza en la lengua materna. Para M. Domingo “España no será una auténtica democracia mientras la mayoría de sus hijos, por falta de escuelas, se vean condenados a perpetua ignorancia.” Su labor al frente de Instrucción Pública contó, como no podía ser de otro modo, con la oposición encarnizada de la derecha monárquica y de la iglesia católica que, de este modo, veía perder sus privilegios sociales y económicos.

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Entre diciembre de 1931 y septiembre de 1932 ocupó la cartera de Agricultura, desde donde impulsó la aprobación y desarrollo de la Reforma Agraria, enseguida torpedeada por las oligarquías rurales, la iglesia católica y la impaciencia de los sectores más extremistas del campesinado anarquista. Le tocó ocupar el ministerio de Agricultura en un difícil contexto político donde su actuación se vio turbada por episodios como la “Sanjurjada” o los sucesos de Casas Viejas.

Los moderados logros obtenidos hasta entonces en materia agraria (según el Instituto de Reforma Agraria, a finales de 1934, apenas se habían asentado 12.260 familias en una extensión de 117.837 hectáreas) fueron desarbolados de inmediato por los gobiernos radical-cedistas surgidos de las elecciones de noviembre de 1933. Había comenzado el bienio negro: el desmantelamiento de la obra republicana.

Tras la derrota electoral de 1933, Domingo abogará por la necesidad de reconstruir el espacio sociopolítico del republicanismo progresista a través de un partido para la reconquista de la República. Así, en 1934 funda Izquierda Republicana en compañía de Manuel Azaña, Santiago Casares Quiroga, Victoria Kent y otros ilustres republicanos.

Tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 regresaría, aunque por breve espacio, al Ministerio de Instrucción Pública, desde donde reanudaría la política educativa del primer bienio republicano que el golpe de estado militar y la subsiguiente guerra civil frustraría definitivamente.

Fue miembro de la delegación española que visitó a León Blum para recabar ayuda del gobierno francés al iniciarse la guerra civil. Viajó entonces, por el mundo para dar a conocer la realidad española y defender la legalidad republicana. A comienzos de 1939, con la salud muy deteriorada por el esfuerzo sobrehumano que supuso la actividad en los años de la guerra, pasó a Francia, donde falleció días después angustiados en el lecho de muerte por la suerte de los soldados republicanos en la hostil nación vecina.

Marcelino Domingo fue uno de los grandes y últimos regeneracionistas españoles.

A pesar de sus miles de páginas, se sintió siempre un político que prefirió la política a toda actividad humana. “Creo que un país de tan escaso espíritu civil como España y de tan desaforada incontinencia como la del Estado español, los hombres con la leve conciencia de su responsabilidad han de interesarse por la política y actuar en ella. Es tal vez, el único medio de evitar que España acabe de morir”.

 

 

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