ESPAÑA Y LA CULTURA

Albert Camus critica con contundencia la entrada de la España franquista en la UNESCO:

“Tenemos que celebrar hoy una nueva y reconfortante victoria de la democracia. Pero es una victoria que ha alcanzado a costa suya y de sus propios principios. La España de Franco se ha colado de rondón en el templo bien caldeado de la cultura y de la educación, mientras que la España de Cervantes y de Unamuno es una vez más arrojada a la calle. Cuando se sabe que en Madrid el actual ministro de Información, colaborador directo de ahora en delante de la UNSECO, es el mismo que hizo propaganda de los nazis durante el reinado de Hitler; cuando se sabe que el Gobierno que acaba de condecorar al poeta católico Paul Claudel es el mismo que condecoró con la orden de las Flechas Rojas a Himmler, organizador de los hornos crematorios, se tiene fundamento para decir que , en efecto, no es a Calderón ni a Lope a quienes las democracias acaban de recibir en su sociedad de educadores, sino a Joseph Goebbels. Siete años después de la guerra, esta soberbia injuria debería valer nuestras felicitaciones al gobierno del señor Pinay [primer ministro francés]. En efecto: no es a quien se podría reprochar el andarse con escrúpulos cuando se trata de alta política. Todo el mundo creía hasta ahora que la suerte de la historia dependía un poco de la lucha de los educadores contra los verdugos. Pero no se había pensado en que bastaba, en suma, con nombrar oficialmente educadores a los verdugos. El gobierno del señor Pinay ha pensado en ello.

¡Pero, bueno, la escuela es una cosa y el mercado otra! (…) En cuanto a la cultura, se dejará para más tarde. Lo demás no es asunto de los gobiernos. Los artistas hacen la cultura, los gobiernos la controlan después y, en ocasiones, suprimen a los artistas para controlarla mejor. Llega finalmente un día en que un puñado de militares y de industriales puede decir “nosotros”, al hablar de Molière y de Voltaire, o imprimir, desfigurándolas, las obras del poeta que han fusilado anteriormente. Ese día, que es en el que estamos, debería inspirarnos al menos un pensamiento de compasión por el pobre Hitler. En vez de matarse por exceso de romanticismo, le hubiese bastado con imitar a su amigo Franco y tener paciencia. Hoy sería delegado de la UNESCO para la educación en el alto Niger, y Mussolini mismo contribuiría a elevar el nivel cultural de estos pequeños etíopes a cuyos padres machacó un poco no hace mucho. Entonces en una Europa por fin reconciliada, se asistiría al triunfo definitivo de la cultura, con motivo del inmenso banquete de generales y de mariscales, servidos por un escuadrón de ministros demócratas, pero resueltamente realistas.

La palabra asco sería aquí una palabra poco expresiva. Pero me parece desde ahora inútil repetir una vez más nuestra indignación. Puesto que nuestros gobernantes son lo bastante inteligentes y realistas para prescindir del honor y de la cultura, no cedamos en nada al sentimiento y tratemos, por el contrario de ser realistas. Puesto que es la consideración objetiva de la situación histórica la que lleva a Franco a la UNESCO ocho años después de que se ha derrumbado el poder de las dictaduras en las ruinas de Berlín, seamos, pues objetivos y razonemos fríamente sobre los argumentos que nos presentan para justificar el apoyo a Franco.

El primer argumento se refiere al principio de no intervención. Se puede resumir así: los asuntos interiores de un país no son de competencia más que de ese país. Dicho de otra forma: un buen demócrata se queda siempre en su casa. Este principio es inatacable. Tiene sin duda inconvenientes. La llegada de Hitler al poder no incumbía más que a Alemania, y los primeros que supieron lo que eran campos de concentración, fueron judíos o comunistas, eran alemanes, en efecto. Pero, ocho años después, Buchenwald, capital de dolor, era una ciudad europea. Eso no obsta, el principio es el principio, el vecino es el amo de su casa. Admitámoslo y reconozcamos que nuestro vecino puede perfectamente golpear a su mujer y hacer beber “calvados” [aguardiente]  a sus hijos. (…) Nosotros no podremos hacer nada por supuesto. La corrección que merece la conocéis de sobra, pero os metéis las manos en los bolsillos porque no son asuntos vuestros. Únicamente que si vuestro vecino además es comerciante, usted no está obligado a proveerse en su casa. Nada os obliga tampoco a darle alimentos, a prestarle dinero ni a cenar con él. En suma: usted puede, sin intervenir en sus asuntos, volverle la espalda. Y si incluso hay mucha gente en el barrio que le trata así, el tendrá ocasión de reflexionar, de ver dónde están sus intereses y una oportunidad al menos para cambiar la concepción que tiene del amor familiar. Sin contar con que esta cuarentena puede dar un argumento a su mujer. Eso sería, no lo dudemos, la verdadera no-intervención. Pero a partir del momento en que usted cena con él, en que le presta dinero, usted le da los medios y la tranquilidad de conciencia necesaria para continuar, y esta vez usted practica una verdadera intervención, pero contra las víctimas. Y cuando, finalmente, usted pega subrepticiamente la etiqueta “vitaminas” en la botella de “calvados”, con la que reconforta a sus hijos, cuando sobre todo usted decide a los ojos del mundo confiarle la educación de los suyos, entonces, y para acabar, usted es más criminal que él y dos veces criminal, puesto que usted alienta el crimen y lo llama virtud.

Viene aquí un segundo argumento, que consiste en decir que se ayuda a Franco, a pesar de sus inconvenientes, porque se opone al comunismo. En primer lugar se opone en su país. (…)

Hagamos notar, en primer lugar, que contradice absolutamente el razonamiento anterior. No se puede estar en favor de la no-intervención y querer impedir a un partido, cualquiera que sea, el triunfar en un país que no es el vuestro. Pero esta contradicción no asusta a nadie. Es que  nadie ha creído jamás realmente en la no-intervención, salvo quizás Poncio Pilato, en materia extranjera.

(…) es una experiencia constante en la Europa contemporánea que el mantenimiento de un régimen totalitario significa a plazo más o menos corto o más largo el refuerzo del comunismo. En los países en que la libertad constituye una práctica nacional al mismo tiempo que una doctrina, no prospera el comunismo. Nada le es más fácil a éste, por el contrario-el ejemplo de los países de Europa oriental lo demuestra- que poner sus pasos sobre los del fascismo. Es ciertamente en España donde el comunismo tiene menos oportunidades, porque tiene ante él una verdadera izquierda popular y libertaria y el carácter español por entero. En las últimas elecciones libres en España, en 1936, los comunistas no obtuvieron más que 15 puestos de 443 en las Cortes.

(…)nada podrá impedir jamás que, para millones de hombres en Europa, el asunto de España, como el antisemitismo, como los campos de concentración o la técnica de los procesos de autoinculpación, constituye un test que permite juzgar la sinceridad política de una democracia. Y el mantenimiento sistemático de Franco impedirá para siempre a estos hombres creer en la sinceridad de los gobiernos democráticos cuando pretenden representar la libertad y la justicia. Estos hombres jamás podrán consentir en defender la libertad al lado de los asesinos de toda libertad. (…)

Ésos son, sin embargo, los miserables argumentos que justifican el escándalo que nos ha reunido. Yo he podido fingir, en efecto, que pudiera tratarse de consideraciones culturales. No se trata más que de un regateo, poniendo tapadera a la cultura. Pero incluso como regateo no puede justificarse. (…)

He aquí por qué un intelectual no puede adoptar dos actitudes cuando Franco es recibido en la UNESCO. Y no es suficiente con decir que nosotros negaremos toda colaboración a una organización que acepta avalar una operación semejante. (…)

SÍ; desde el instante en que Franco ha entrado en la UNESCO la UNESCO ha salido de la cultura universal, y es eso lo que tenemos que decir. (…) Si la UNESCO no ha sido capaz de preservar su independencia, vale más que desaparezca. Después de todo las sociedades de cultura pasan y la cultura permanece. Estamos seguros de que la cultura no desaparecerá porque un organismo de alta política sea denunciado por lo que es. La verdadera cultura vive de la verdad y muere con la mentira.(…)

Ella tiene siempre su sociedad, la única que yo reconozco, la de los creadores y los hombres libres que, contra la crueldad de los totalitarios y la cobardía de las democracias burguesas, contra los procesos de Praga y las ejecuciones de Barcelona, reconoce a todas las patrias, pero no sirve más que a una: la libertad. Y es en esta sociedad donde nosotros recibimos a la España de la libertad. No haciéndola entrar por la puerta del bar y escamoteando el debate, sino abiertamente, con solemnidad, con el respeto y la ternura que le debemos, con la admiración que rendimos a sus obras y a su alma, con gratitud, en fin, que tenemos por el gran país que nos ha dado y nos sigue dando todavía nuestras más elevadas lecciones”.

Alocución pronunciada por Albert Camus en la sala Wagran el 30 de noviembre de 1952.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s