Azaña sobre la Sociedad de Naciones

31 de mayo de 1937

Reunión de Ginebra. La comedia habitual. Esta Sociedad de casi todas las naciones se ha convertido, tiempo ha, en una especia de Congreso de Viena permanente. Ahora ni siquiera tenemos en el cónclave ginebrino la aureola de pueblo heróico que ha defendido su independencia contra el tirano, como la tuvimos en 1815, aunque la agresión que padece España es más cínica, criminal e indisculpable que la de 1808. Pero entonces, la actitud del pueblo español, resistiendo al emperador de la revolución, enemigo de Inglaterra, iba en el mismo surco que la política reaccionaria de los Gobiernos representados en Viena.

Ahora, la actitud del pueblo español, defendiendo su derecho a no ser invadido ni sojuzgado por ejércitos extranjeros, no gusta demasiado a los poderosos que manejan el cotarro internacional. La razón, el motivo de que Ginebra, secundando la política británica, se desentienda de nuestro pleito, es primeramente la debilidad de España. Si en lugar de docena y media de barcos de escaso poder, tuviéramos en el Mediterráneo ocho o diez grandes acorazados, el derecho de España brillaría en Ginebra con tanta fuerza como el sol valenciano, y ningún mucamo se atreveria a mirarlo cara a cara. Los grandes se disputarían nuestra amistad, y su preferencia repercutiría en la asamblea de las naciones, servilmente.

Pareció que la Sociedad iba a ser el amparo de los débiles. Se ha convertido en un cortejo de satélites (…)

Declarar el derecho, aunque sea en pura doctrina, es todavía una quijotada. Porque ni eso hemos obtenido. Ahora bien: Desde el reparto de Polonia, no se había cometido en Europa un crimen político comparable al que se está cometiendo con España. Para hacerse oír, y ser atendidos en la Sociedad de Ginebra, arca de la paz, definidora y guardadora del Derecho, hay que ser poderoso, hay que estar preparado para la guerra, dispuesto a definirse a sí mismo el Derecho, resuelto a imponerlo cuando sea desconocido. Nosotros somos débiles. (…)

Mas, la Sociedad de Naciones no puede abrir la boca sino para invocar el Derecho, razón de su existencia. Como el Derecho está enteramente de nuestro lado, la Sociedad se hace la sorda y enmudece. Y los “pequeños pueblos” , séquito del inglés, o del francés, o de quién fuese, aguardan las consignas de las grandes capitales, mientras les llega el turno de padecer la suerte de España.

Extraído de las memorias de guerra de Manuel Azaña (1936-1939)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s