Manuel Azaña, conversaciones con el padre Isidoro Martín

Manuel Azaña: ¿No sabe usted que me pintan como un furibundo enemigo de la Iglesia Católica? Es estúpido. Desde mi punto de vista llamarme enemigo de la Iglesia Católica es como llamarme enemigo de los Pirineos o de la Cordillera de los Andes. Lo que no admito es que mi país esté gobernado por los obispos, por los priores, las abadesas o los párrocos. Tampoco me he opuesto a que las órdenes religiosas practiquen su regla y prediquen la doctrina cristiana a quién quiera oírla. A lo que me opongo es a que enseñen a los seglares filosofía, derecho, historia, ciencias … Sobre eso tengo una experiencia personal más valiosa que todos los tratados de filosofía política. Y así en otras muchas cosas, que no hay por qué referirlas a mí, sino a las miras y necesidades de la República. La intransigencia, la ferocidad del todo o nada, nos ha traído la situación actual.

Padre Isidoro: Las derechas no han sabido adaptarse, no han querido consentir en ningún sacrificio.

Manuel Azaña: El sacrificio de dejarse cortar un dedo, para salvar la mano. Las aspiraciones de la República, por muchos motivos, tenían que ser moderadas. Se empeñaron en creer que eran expoliadoras y demoledoras. Ya ve usted: se ha perdido la mano, y todo el brazo, y temo que perdamos los dos, quedándose España como un tronco manco. Usted no tiene ningún motivo para ser republicano, pero los tiene usted, y muy graves, para condenar la violencia, las rebeliones, las guerras, por las mismas doctrinas que ustedes me enseñaban en el Escorial. Pues ya ve usted: Sus amigos fervorosos, los apasionados de la religión y del orden, son los causantes, no solamente de la desventura personal de usted y de sus compañeros, sino de las Instituciones a que pertenecen. Si en julio del año pasado no se hubieran sublevado los padres de los jóvenes que ustedes enseñaban, y casi todos los jóvenes enseñados por ustedes, los compañeros de usted seguirían en el Escorial, diciendo misa y rezando en el coro, porque en cinco años de República nadie se lo había prohibido, que yo sepa .


Reflexión final:

“La Iglesia española ha participado en esta guerra como en una cruzada contra infieles. Ahora cuenta con los moros, y los infieles son otros. Muchos eclesiásticos han perecido, e incluso en el bando “nacional” han sacrificado a algunos. Los consejos de guerra de Bilbao condenan a muerte a los capellanes de los batallones vascos. Aunque la Iglesia se creyese atacada, y atacada con injusticia, su papel era muy otro. No debió alentar los enconos políticos. Ni azuzar a unos españoles (a unos prójimos) contra otros. La religión no se defiende tomando las armas ni excitando a los demás a que la empuñen. La religión la han propagado los mártires, los confesores, los misioneros; pero no los guerrilleros, muy poco los teólogos y nada los sociólogos, por cristianos que sean. Después de catorce meses de matanza, todavía no ha pronunciado nadie, con autoridad en la jerarquía, las palabras de paz, de caridad, de perdón que les corresponde decir, si de verdad su reino no es de este mundo”.

Fuente: Manuel Azaña, Memorias de guerra 1936-1939

CURAS HACIENDO INSTRUCCIÓN 620

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s