Fernando de los Ríos, el adalid del socialismo humanista

Sobre la Libertad y la Revolución rusa

La clave de nuestra civilización radica, por consiguiente en la libertad, como condición para que la conciencia y la voluntad desarrollen sus posibilidades innúmeras; la libertad es la condición de la dignidad, y cuando la estorbe entorpece la formación del hombre.

El capitalismo ha sido y es un obstaculo insuperable para el desarrollo de la libertad, y precisamente esta es la causa de que el Socialismo signifique un principio de civilización superior; es el ideal que señala la marcha hacia la liberación de todas las injusticias de la vida civil, y por ello todo paso hacia el Socialismo es fatalmente un avance hacia la libertad y una disminución en el poder arbitrario de la autoridad externa. Que el capitalismo ha adulterado la idea de libertad al ligarla a sus tráficos y explotaciones, es evidente; pero cuando el Socialismo habla de libertad no pone sus ojos en las cosas, sino en las personas; y así como el capitalismo ha significado exaltación de la idea de libertad aplicada a los objetos económicos, con el fin de hacer más fácil la servidumbre de los hombres, el Socialismo, en cambio, representa el sometimiento gradual de la economía a un régimen disciplinario para hacer posible un mayor enriquecimiento de la libertad de las personas.

Pero la necesidad de establecer un régimen diferente para las personas que para las cosas, obliga a ir desatando los lazos que hoy unen a aquéllas con éstas, de modo tal que no fuerce al Poder la solidaridad de los perjudicados a un régimen de violencia sobre los individuos, y en cambio le permita, apoyado en la mayoría de los ciudadanos económicamente activos, ir avanzando en la obra de convertir los servicios e industrias que estén en condiciones en órganos de gestión pública directa, sustituir al propietario por los usuarios, y todo ello con la celeridad a que autorice la madurez de los nuevos gestores y el no comprometer el régimen general sobre las personas.

Los contenidos de la libertad deben ser objeto de revisiones constantes y de ampliaciones permanentes; cada época se preguntará de qué ha de libertar a los hombres, y la pregunta quedará siempre abierta; no podrá nunca ser cerrada, porque la libertad es un sendero que desemboca en lo absoluto.

Mas Rusia, que comenzó balbuciendo un lenguaje de libertad en los primeros tiempos de su Revolución, habló en seguida -mejor dicho, el Poder- desdeñosamente de ella, oponiéndole, como la verdadera norma para llegar a la libertad efectiva, la igualdad; pero una igualdad que no sea hija de la voluntad libre, ¿qué raíces tendrá? ¿Los mandatos del Poder? He ahí una concepción en la que, si pueden hallarse rasgos jurídico-económicos que autoricen a llamarla socialista, faltan por completo las normas humanistas que cualifican al socialismo de nuestras civilizaciones.

¿Llegará Rusia a comprender que la igualdad sólo puede ser buscada por la vía de la libertad?

 

Fernando de los Ríos ( Mi viaje a la Rusia sovietista)

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